La relativa escasez de este material – en Europa sólo existen depósitos importantes de azabaches de origen jurásico en Whitby ( Inglaterra) y Villaviciosa- , su facilidad para ser trabajado y su intenso color negro le otorgaron ya desde hace miles de años el carácter de piedra mágica y protectora, cargada de virtudes: consideración que ha perdurado a lo largo de la historia y hasta hoy nos ha llegado.
La pieza elaborada más antigua del mundo, hecha con azabache de Villaviciosa, fue recuperada en la cueva de Las Caldas (Oviedo). Su antigüedad de 19.000 años nos da una clara idea de la historia que tiene tras de sí la actividad azabachera – minera y artesanal- de este concejo, que habría de exportar material en bruto y elaborado a otras regiones ya desde época romana.
La presencia de los árabes en España aumentó el uso y comercio del azabache en la península, especialmente labrado en forma de higa, pero habría de ser a partir del s. XIII cuando conoció un desarrollo espectacular por pasar a convertirse en emblema y símbolo de las peregrinaciones jacobeas. Por ello, toda la comarca de La Marina conoció un próspero período que habría de durar varios siglos. Artesanos y mineros, desde Quintueles hasta Oles, se ocuparon de atender una demanda de material de azabache de proporciones que hoy nos asombrarían. Higas, collares, tallas de imágenes (de Santiago, especialmente), pendientes, conchas y otras muchas piezas, junto con azabache que habría de labrarse en Compostela, salieron desde aquí para abastecer las numerosas tiendas que rodeaban la Catedral.