Cuando decreció la afluencia de peregrinos, a finales del s. XVI, los azabacheros de Villaviciosa buscaron por toda la Península Ibérica y en América nuevos mercados, potenciando el uso de la joyería popular – collares, pendientes-, de rosarios y de las apreciadas higas. En numerosos lugares del Nuevo Mundo los nativos habrían de usar el azabache de Villaviciosa, por seguir las costumbres de los españoles, hasta el punto de incorporarse firmemente a sus tradiciones.
El último gran período de la azabachería de Villaviciosa se produjo a mediados del s. XIX y habría de durar hasta bien entrado el s. XX. La minería fue especialmente activa en la parroquia de Oles debido a que en la Inglaterra victoriana tuvo una extraordinaria difusión el azabache como símbolo de luto y dado que los yacimientos de Whitby (Yorkshire) no podían abastecer la demanda de los talleres ingleses, se acudió a Villaviciosa para suministrar material en bruto. De Oles salieron centenares de miles de kilos con los cuales se elaboraron infinidad de piezas hoy consideradas como extraordinarias por su calidad.
Es por lo tanto, nuestro azabache un material difundido por buena parte del mundo y que guardan con aprecio los mejores Museos europeos y americanos.
La minería en Villaviciosa está hoy prácticamente extinta, y habiendo una gran demanda de azabaches urge buscar soluciones a este problema.
Si el visitante decide dar un paseo por alguna de estas parroquias de Villaviciosa, especialmente por Oles, podrá ver las viejas bocaminas y escombreras: el testimonio de una industria singular y milenaria de la que se surtieron todas las clases sociales y que alimentó creencias y supersticiones aún presentes en numerosos lugares. Valentín Monte Carreño